¿Por qué nos pasa lo que nos pasa en la vida?

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Escrito por Amaury González Vilera

Hoy quiero hablarte de un tema que considero fundamental en el campo del desarrollo personal, sobre todo por lo mucho que puede contribuir en el proceso de empoderamiento de las personas al permitirles hacerse responsables de sus vidas.

Y es que, es muy probable que tú que me lees hayas pasado por situaciones difíciles en la vida –así como yo− en cuyos momentos más duros seguramente te preguntaste: ¿por qué me pasa esto a mí?

Aquí puedes aprovechar de hacer un ejercicio retrospectivo y recordar como un día alzaste la mirada al cielo, y agitando los brazos con los puños cerrados lanzaste un “¡por qué a mí!” digno de los mejores producciones dramáticas.

O talvez no fue así; talvez una noche en que no soportaste más una determinada situación simplemente te echaste a llorar en silencio en tu cama, y con la cabeza hundida en la almohada te repetiste mil veces y sollozando: “¡por qué me pasan estas cosas a mí!”.

Sí, ya sé que los ejemplos que he puesto son los típicos de alguien que se ha victimizado. Pero, ¿quién no se ha sentido en algún momento de su existencia una “víctima de la vida” y se ha preguntado justamente por qué le ha tocado vivir tal o cual evento, tal o cual situación?

¿Por qué algunas personas parecen estar predestinadas para el éxito, la grandeza y demás cosas maravillosas, mientras que otras parece que todo lo contrario?

En suma, la pregunta de la que hoy voy a ensayar una respuesta es:

¿Por qué nos pasa lo que nos pasa?

¿Las cosas pasan porque tienen que pasar?

¿Lo que va a pasar va a pasar sin que nadie pueda evitarlo?

Sin más preámbulos vayamos a la respuesta.

Por qué nos pasa lo que nos pasa: en 3 posibles respuestas

Una respuesta sintética a la pregunta de por qué nos pasa lo que nos pasa en la vida, sería que vivimos en un universo de causa y efecto, perfecto en su libre albedrío.

Sí, vivimos en un mundo donde todos tenemos libre albedrío, y donde la vida social es algo así como la suma o la combinación del libe albedrío de todos los seres que vivimos en este querido planeta.

Entonces, esta es la primera causa de que nos pasen las cosas que nos pasan.

Así las cosas, ¿qué es el libre albedrío?

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El libre albedrío o por qué me pasa lo que me pasa

Merovingio: “Solo hay una constante, una verdad universal, es la única verdad: causalidad, acción y reacción, causa y efecto

Morfeo: “Todo empieza con una elección

Merovingio: “No, error. La elección es una ilusión creada entre los que tienen poder y los que no lo tienen

Ya sé que colocar el diálogo que sostiene el Merovingio con Morfeo y Neo en Matrix Reloaded no deja al libre albedrío muy bien parado, pero empecemos por el principio.

El libre albedrío es el poder, posibilidad o facultad que tenemos los seres humanos de elegir qué hacer a partir de nuestras propias decisiones. Basta hacer una breve investigación para darnos cuenta de que se trata de una facultad que tiene sus implicaciones éticas, considerando que se trata de la libertad que tenemos para hacer tanto el bien como el mal. De ahí, que sea un concepto tratado en ciencias sociales, filosofía y, por supuesto, religión.

Ahora, si consideramos que detrás de nuestras acciones están nuestros pensamientos, emociones y sentimientos, podemos decir que el libre albedrío es la capacidad que tenemos los seres humanos de elegir nuestros pensamientos. Así, al elegir pensar de una forma, generamos ciertas emociones que nos hacen actuar de una determinada manera.

No obstante, también es cierto que cuando venimos al mundo “caemos” en un determinado país, en una determinada sociedad, familia, donde ya existe un conjunto de reglas y maneras de ver y entender el mundo. Así, sin dudar podemos decir que durante nuestros primeros años nos programan, condicionando nuestro pensamiento y por tanto nuestro libre albedrío.

En este punto, tomemos en cuenta dos factores condicionantes:

1. Factor social:

Como decía más arriba, durante los primeros años de nuestra vida –los primeros 7 si quieres un número− podemos decir que nos instalan un software donde están escritas las creencias que serán las dominantes en nuestra vida. Este proceso ocurre desde distintos lugares: la familia, la escuela, la religión y los medios de comunicación. Estas instituciones configuran un “ambiente” que ejerce una influencia poderosa en nuestra manera de pensar y sentir.

2. Factor genético:

Diversos estudios han demostrado la influencia de la herencia genética en nuestra conducta. De otro lado, también es cierto el hecho de que los condicionamientos sociales y genéticos entran en juego desde el principio y que a la hora de explicar la conducta humana, muchos expertos se han decantado por los condicionantes sociales frente a los genéticos. Agreguemos que el ser humano tiene la capacidad de influir en su propia genética, tal como lo demuestra la epigenética.

* * *

Considerando los factores condicionantes es cierto que el libre albedrio, como facultad de elegir que pensar, sentir y hacer queda como en entredicho. Hasta aquí el Merovingio pareciera tener la razón. Pero fíjate: esta sería otra discusión y te digo por qué.

¿Cuál es el hecho aquí?, que con mayores o menores grados de condicionamientos sociales o genéticos, consciente o inconscientemente todo el tiempo tomamos decisiones, elegimos y realizamos acciones dentro de nuestro margen de “libre albedrío” y esas acciones nos pueden traer consecuencias tanto positivas como negativas.

Y esta es una clave importante porque, como decía George Bernard Shaw, no hay que devanarse los sesos buscando solemnes definiciones de libertad porque esta se reduce a una palabra: responsabilidad.

Libertad es responsabilidad, por eso tú eres responsable de lo que haces seas o no consciente de las implicaciones éticas, morales, jurídicas o religiosas que tus actos han traído. Recuerda, vivimos en un universo de causa y efecto, perfecto en su libre albedrío.

Ahora, cuando te preguntes por qué te pasa lo que te pasa, considera cómo has usado tu libre albedrío. Y no solo lo que has hecho o haces, sino también lo que has pensado y piensas, lo que has sentido y sientes ahora.

Y tú me dirás:

Sí, Amaury, pero yo soy una santa (o un santo), he seguido todas las reglas de “Dios”, del mundo y de la sociedad y sin embargo me han pasado unas cosas terribles que ni te cuento, ¿por qué a mí?

Las deudas que traemos (también conocido como karma)

Muchas veces nos pasa lo que nos pasa simplemente porque teníamos una deuda que pagar o una que cobrar. Esto último es importante, porque cuando se habla de karma pareciera que solo hablamos de cuestiones negativas, cuando también existe el karma positivo.

Para entender al karma, tendremos presente de nuevo al Merovingio de Matrix y recordaremos el sexto de los 7 Principios Metafísicos, que es el principio de Causa y Efecto. Según esta clave hermética:

Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad pero nada escapa a la Ley

De acuerdo a esta ley metafísica, todo lo que nos pasa, lo bueno y lo malo, lo hemos creado nosotros en esta vida o en una anterior. De ahí la afirmación que hice arriba: vivimos en un universo de causa y efecto, perfecto en su libre albedrío. Además, gracias a la Física Cuántica hoy sabemos que todos estamos conectados, “entrelazados” en una gran red de energía. Es cierto eso que has escuchado por ahí: sí, todos somos uno.

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Pensar en el karma es pensar en una vida ya predestinada siempre que vivamos “dormidos” o en la inconsciencia. El despertar espiritual precisamente consiste en reconocerte como un ser poderoso de energía e información con la capacidad de diseñar su propia vida. De esta manera, a mayor consciencia más empoderamiento y capacidad para cambiar tú destino, lo que significa más capacidad para crear tu propia realidad.

En este punto bien puedes preguntarme: ¿Pero, entonces qué es lo que prevalece en la vida: el destino que señalan mis karmas o mi libre albedrío?

Y te diría en primer lugar que, tal como dijo Karl Jung, lo inconsciente que no logramos hacer consciente se convierte en destino. Ahora, es evidente que cada uno de nosotros tiene sus propias deudas y niveles de consciencia. Ilustremos el punto con la metáfora del video-juego.

Imagina que la vida es como un gran video juego, con sus niveles, mundos, riesgos, aventuras, amigos y enemigos, desafíos y recompensas. Fíjate que tú, como jugador/a tienes tus posibilidades y capacidades, y a medida que haces méritos vas consiguiendo más de lo que el juego tiene para darte.

Pero atención: ese margen de maniobra que tienes en el juego lo tienes dentro de un universo prediseñado, donde alguien más ha definido unas reglas y unas posibilidades.

Intuyo que ahora me dirás: ok, entonces el universo es perfecto y cada quien obtiene en la vida lo que se merece, ni más ni menos. Pero si las cosas son así, ¿por qué hay gente en este mundo a la que no parece importarle la ley de causa y efecto y que parece más bien que hace lo que quiere sin que le importe las consecuencias?

La mejor respuesta para esta interrogante sería la misma: vivimos en un universo de libre albedrío, donde hay gente que escoge (consciente o inconscientemente) hacer el mal.

Ya sé, ahora me dirás: ok, Amaury, ¿pero qué hay con esa gente que hace el mal conscientemente en nombre del poder, la dominación, el control y otras cuestiones mundanales?

Volvería con la misma respuesta: vivimos en un universo perfecto en su libre albedrío.

Sin embargo, como me parece estás tocando el tema de los pensamientos descontrolados y las malas intenciones, pasemos de una vez a la tercera causa que responde a la pregunta del post de hoy: ¿por qué nos pasa lo que nos pasa?.

Las malas influencias externas o por qué nos pasa lo que nos pasa

Hasta ahora hemos hablado sobre por qué nos pasan las cosas que nos pasan en la vida. Hemos dicho que la primera causa es nuestro libre albedrío, esa facultad que tenemos los seres humanos para pensar, sentir y actuar según nuestra propia elección, y que ese poder está condicionado principalmente por dos factores: el genético y el social.

La segunda causa establecida fue el karma, o las deudas que arrastramos de vidas anteriores e incluso que hemos contraído en nuestra vida actual. Así, antes de pasar a la última causa, es interesante que te des cuenta de que nuestros karmas (sean estos positivos o negativos) los hemos generado en el ejercicio de nuestro libre albedrío. ¿Puedes ver el juego desde arriba?

Venimos a un mundo donde hay libre albedrío, pero donde impera la ley de causa y efecto. En otras palabras, nunca hay libertad sin responsabilidad. Por eso, dejar al ser humano “a su libre albedrío” es como lanzarlo a los brazos de la causalidad. Claro, no es lo mismo dejar a su libre albedrío a un psicópata asesino en serie que a un escritor que trabaja viajando por el mundo, por poner un ejemplo.

Sí, en esta “villa del señor” hay de todo, incluyendo también a esas personas que con su atención y su intención buscan dañar a otras personas. Sí, hay personas que, consciente y premeditadamente o sin consciencia de lo que hacen pueden influir negativamente en la vida de otras personas. Y como ya adivinaste, estoy hablando de las personas con capacidad de manejar energías y que usan sus dones y conocimientos para hacer el mal.

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Como ya intuyes, me estoy refiriendo a lo que comúnmente se conoce como “brujería” o “magia negra”; pero también a situaciones que se dan en un nivel más general y más común de lo que se pudiera pensar. Me refiero a los pensamientos, intenciones y sentimientos que tienen los demás sobre -o hacia- nosotros y que no necesariamente salen de un ritual. Fíjate:

¿Has escuchado alguna vez la idea según la cual lo que somos es el resultado de las expectativas de las 5 personas con las que más tiempo pasamos cada día de nuestra vida?

El poder de las expectativas es un poder creador, por eso es probable que hayas escuchado con cierta frecuencia que la gente suele actuar (o suele responder) de acuerdo a las expectativas que de ella se tiene.

Entonces, imagina que analizaste cuáles son esas personas con las que más tiempo de tu vida has pasado o pasas, y con asombro te das cuenta de que tres de esas cinco personas son tóxicas y negativas. Sí, esa energía tiene una importante influencia en nuestra vida, tanta, que también puede responder a la pregunta de por qué nos pasa lo que nos pasa.

Sin duda, es bastante probable que las personas que crecieron en un entorno donde la mayoría de las personas se la pasaba quejándose, repitiendo cosas negativas como mantras, esperando lo peor de los demás y derrochando pesimismo no les haya ido muy bien o que no la hayan tenido nada fácil en su proceso de vida.

Y no obstante, aunque nos sintamos tentados a juzgar o a criticar a esas personas en las que talvez estás pensando en este momento, siempre es bueno recordar otra vez que: vivimos en un universo de causa y efecto, perfecto en su libre albedrío. Por eso, si alguien te hizo algún daño, ten en cuenta que no fue casualidad.

Nada es causalidad en este mundo, porque ese daño que te hicieron tú lo hiciste en algún momento de esta vida o de una anterior.

Ajá, ¿Y ahora, qué?

¿Qué hacer, ahora que sé por qué me pasa lo que me pasa?

Si has llegado hasta aquí ya sabes que nada de lo que te pasa en la vida es casualidad porque las casualidades no existen, y que te ocurren por tres razones:

1. Tu Libre Albedrío.

2. Tus deudas o karmas, positivos y negativos.

3. Las influencias externas, positivas y negativas.

¿Entonces qué hacer para que lo que te pase en la vida sea lo mejor de lo mejor?

1. Perfecciona el uso que haces de tu libre albedrío, considerando siempre que cada pensamiento, emoción y acción de tu parte genera consecuencias. ¿Qué sería lo más importante aquí? Pues procura entrenar tu mente para que tu pensamiento sea un pensamiento perfecto y que tu imaginación, que es creadora, trabaje siempre a tu favor.

2. Agradece por las cosas buenas “inesperadas” que te han ocurrido en la vida y no juzgues al mundo o a las personas por el daño que te han hecho en algún momento. Haz el bien, descubre tu propósito de vida, mejora el mundo y deja una huella en él.

Como emprendedores, sabemos que cuando Jeff Walker dice que el nuevo paradigma en los negocios se basa en el “Give, then recieve”, está tomando en cuenta el “karma positivo” que implica el aportar mucho valor para luego recibir mucho más de ese valor.

Ahora, si quieres saber cuál es tu karma particular, tu Estudio Numerológico es preciso en su revelación, así como en la herramienta de que estás dotado/a para trabajarlo.

3. Respecto a las influencias externas, ya sabes lo importante que es para ti el rodearte de personas que “alimenten el fuego de tus sueños”, algo que puedes lograr fluidamente conociéndote a ti mismo/a y elevando tu vibración. Recuerda que la mejor forma de atraer nuevas personas a tu vida es con tu cambio personal desde adentro hacia afuera. Respecto a las personas con malas intenciones solo te diré esto: mejor no nombrarlas, mejor no pensarlas; vivimos en un universo perfecto de causa y efecto.

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Ahora que ya sabes por qué te pasa lo que te pasa en la vida, ¿Qué vas a hacer a partir de ahora para que te pase lo mejor que te pueda pasar?

¿Me lo cuentas en los comentarios?

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* Todas las iamgenes son de Pixabay.com excepto la del Merovingio de Matrix, tomada de canalhollywood.es

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Amaury González

Emprendedor, Copywriter y Numerólogo. En este espacio comparto contenidos sobre desarrollo personal, tendencias, espiritualidad, emprendimiento, Numerología y evolución. Estaría encantado de empoderarte ofreciéndote las llaves del universo. Esta es mi fórmula: Empoderamiento + Propósito = Emprendimiento para la Abundancia y la Libertad. Mi divisa: “proyéctate a tu mejor futuro”.
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2 comentarios en “¿Por qué nos pasa lo que nos pasa en la vida?”

  1. Interesante artículo. Me quedé pensando, no en las personas que intentan hacer el mal a través de brujería, sino en los líderes globales y en los “titiriteros” del mundo que se reúnen a planificar cómo hacer daño a millones de personas, a torcer sus voluntades y hacer sus vidas cada vez más complicadas, en favor de un beneficio tecnológico, económico o de otra especie, con el objetivo de llevar el mundo hacia el destino que (estos “titiriteros”) están planeando. ¿Cómo actúa el libre albedrío de la víctima y del victimario en esos casos? ¿Hay consecuencias para los de arriba, distintas de sus objetivos? ¿Los de abajo realmente pueden escoger?

    • Hola, Vanessa!

      Muy interesante tu comentario porque lleva la cuestión a términos colectivos, donde aparentemente nos estaríamos topando con otras causalidades. En primer lugar, hablar de los líderes globales o de los “titiriteros” en sus niveles más altos y estratégicos nos llevaría a hablar de los “brujos” de más alto nivel estratégico. De otro lado, decir que vivimos en un universo de causa y efecto y perfecto en su libre albedrío, también sería una respuesta válida para las sociedades y países. Las sociedades también arrastran deudas, ejercen si libre albedrío y reciben influencias de todo tipo. Así como una persona puede estar condicionada y asumirse como víctima de las circunstancias, así también una sociedad. Entonces, así como una persona debe aprender a cuidar lo que piensa y siente, dado que pensar y sentir es emitir señales que dan fuerza a esos pensamientos y sentimientos, imagínate a gran parte de una sociedad victimizándose y culpabilizando a una persona por todos sus males y sintonizando con la guerra, y a la otra parte sintonizando con la paz, pero también culpabilizando y asumiendo sus roles de víctima.

      En resumen, creo que la eventual impunidad de los de arriba -si es que es posible- es solo temporal. Este tema me recuerda a la película Furia de Titanes. Hay una escena en la que Zeus le dice a Perseo que siempre son los seres humanos los que tienen el control de que el Kraken emerja. Sobre la capacidad real de elegir, estaría en principio de acuerdo con el Merovingio, aunque aún cabría esta reflexión: a mayor despertar espiritual y de consciencia individual y social, mayor y mejor libre albedrío; a mayor condicionamiento, más fuerte la ilusión creada entre los que tienen y no tienen poder.

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